Desde el Río Cauca, donde Antioquia mezcla montaña y bruma, se encuentra la Finca Santa Bárbara. Allí, a 1.650 metros de altura, el café crece entre mañanas frescas y tardes luminosas, en un paisaje que parece hecho para la paciencia y el detalle.
Las plantas de arábica se cultivan siguiendo prácticas que han pasado de generación en generación. Cada cosecha se recoge cuidadosamente, seleccionando solo los frutos que han alcanzado su punto perfecto de maduración. El resultado es un grano que condensa el carácter de estas tierras fértiles y del trabajo de quienes las cuidan.






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